lunes, 11 de noviembre de 2013

LAS SECUELAS PSICOLÓGICAS DE LA PROSTITUCIÓN



María Esther Plancarte Tafoya


Desde tiempos remotos se ha tenido muchos tabús en cuanto a la sexualidad en general, que poco a poco se han ido desmintiendo, sin embargo, en cuanto a la sexualidad femenina, aún en nuestros días, siguen existiendo muchos tabús debido a las fuertes creencias que se tienen acerca del prototipo que la sociedad tiene de lo que es una mujer, sumisa, callada, sin derecho a sentir placer   sexual y bajo la sombra de un hombre; como por ejemplo se dice que tener relaciones sexuales durante el periodo menstrual es anti higiénico, sin embargo se ha demostrado que no es así, por lo contrario el tener relaciones durante la menstruación alivian los dolores menstruales.
La sexualidad femenina, además del acto sexual propiamente dicho, involucra otras actividades tales como fantasías, pensamientos eróticos, caricias y masturbación. Se reconocen cuatro fases, más o menos intrincadas, existentes tanto en el hombre como en la mujer: la fase de excitación, seguida por la llamada fase de maseta, a su vez seguida por el orgasmo y, al final, la fase de resolución. Bajo la influencia del deseo y desde las primeras estimulaciones sexuales, la vagina se modifica, hincha y dilata para permitir la entrada del pene culminando en la fase de mesta donde se dilata al máximo la vagina.

Pero ¿Qué es lo que ocurre en una prostituta, vive su sexualidad como cualquier otra mujer?
Para poder entender cómo es que viven su sexualidad es importante antes que nada comenzar por el principio, es decir, hondar en su pasado y descubrir  que fue lo que las llevo a ese oficio y como este repercute en sus vidas.
El ambiente. La causa determinante de la prostitución se busca en el ambiente socio-cultural del que provienen las prostitutas. Consta, en efecto, que la mayoría de ellas, provienen de un ambiente familiar "desorganizado", es decir carente de sensibilidad y de afecto, caracterizado por una promiscuidad deformante y por experiencias de incesto que pueden imponer la idea de que el amor es un desahogo puramente físico. También las prostitutas nacidas en familias regulares y que han recibido una instrucción particular pueden ser víctimas de un ambiente "desorganizado" si han vivido en un clima impregnado de falsos valores y carente de compromiso moral.
La estructura de la sociedad. La prostitución,  constituye un desahogo necesario en una sociedad jerarquizada y monogámica. Pero este fenómeno se prolonga también en la sociedad actual, que, a pesar de abolir "formalmente" las clases, conserva un enfoque jerarquizado del poder económico y además carente de valores ideales.
Es una huida de las tendencias homosexuales reprimidas que conducen a sumergirse en una frenética heterosexualidad.
Los investigadores han encontrado que algunas encuentran un valor romántico en su profesión, les gusta sentirse necesitadas y que dan apoyo y satisfacción a los hombres. En algunos casos, el cliente termina por apegarse afectivamente y establecen relaciones permanentes.
Las prostitutas establecen, en general, las relaciones con sus clientes como transacciones comerciales.

Después de conocer algunos de los factores determinantes que llevan a mujeres a  la prostitución, proseguiremos por analizar las secuelas que la prostitución deja en ellas.
En la mujer, las disfunciones sexuales más comunes son: las inhibiciones del deseo sexual, la anorgasmia (dificultades orgásmicas), vaginismo y la dispareunia.
Las inhibiciones del deseo sexual o trastorno del deseo sexual hipoactivo  constituyen la falta o disminución de la motivación para la búsqueda del sexo, es decir, la persona no tiene ganas de mantener relaciones sexuales.
Eso ocurre más comúnmente debido a:
·         Problemas en el matrimonio (peleas, malentendidos con relación a lo que cada uno espera de la relación)
·         Falta de intimidad
·         Dificultades de comunicación entre la pareja, o aún, debido a tabús sobre la propia sexualidad como, por ejemplo, asociaciones de sexo con pecado, con desobediencia o con castigos
·         Inhibiciones derivadas de traumas sexuales (abuso sexual, violación)
·         Enfermedades, problemas hormonales y uso de ciertas drogas y medicamentos.
La anorgasmia o disfunción orgásmica es la falta de sensación de orgasmo en la relación sexual. Puede ser primaria, si la mujer nunca tuvo orgasmo en la vida, o secundaria, si tenía orgasmos y no los tiene más. Aún puede ser clasificada en absoluta, si la anorgasmia ocurre siempre, y situacional si ocurre sólo en ciertas situaciones (por ejemplo, si la persona no se sienta confortable en ciertos sitios, o con el partenaire con el cual tenga algún tipo de conflicto. La mujer disfruta las caricias y se excita, pero algo la bloquea en el momento del orgasmo.
Las causas de la anorgasmia son, principalmente, psicológicas, involucrando problemas en las relaciones interpersonales, conflictos referentes a la sexualidad, falta de conocimiento del propio cuerpo y sensaciones, dificultades en la intimidad y comunicación de la pareja por lo que toca al sexo.
El vaginismo  es una contracción inconsciente, indeseable, de la musculatura de la vagina, que ocurre cuando la persona se imagina teniendo un acto sexual. Esa contracción dificulta o impide la introducción del pene, la cual si se intenta resultará en mucho dolor, resultando que la mayoría de las veces la pareja no consigue concretar el acto sexual con penetración.
Puede ser consecuencia de una educación rígida que provocó muchos tabús sexuales derivando conflictos psicológicos, consecuencias de traumas sexuales (violación o abuso sexual) o de experiencias sexuales anteriores que tengan causado sufrimiento físico.
La dispareunia es el dolor genital que ocurre repetidas veces antes, durante o después del acto sexual.
Las causas más comunes son enfermedades ginecológicas (como la descarga vaginal o cambios en el formato de la vagina) o contracción de la musculatura vaginal durante el acto sexual, debido a conflictos psicológicos relativos a la sexualidad.
Síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo se refiere a un grupo de síntomas psicológicos que se producen en algunas personas en cautiverio o situación de los rehenes. Se ha recibido una publicidad considerable de los medios en los últimos años, ya que se ha utilizado para explicar el comportamiento de tales víctimas de secuestro conocidos como Patty Hearst (1974) y Elizabeth Smart (2002). El término toma su nombre de un atraco a un banco en Estocolmo, Suecia, en agosto de 1973. El ladrón tomó cuatro empleados del banco (tres mujeres y un hombre) en la caja fuerte con él y los mantuvo como rehenes durante 131 horas. Después de que los empleados fueron puestos en libertad, por último, que parecían haber formado un vínculo emocional con la paradoja de su captor, que dijo a los periodistas que vieron a la policía como su enemigo en vez de el ladrón de bancos, y que no tenían sentimientos positivos hacia el penal. El síndrome fue nombrado por primera vez por Nils Bejerot (1921-1988), profesor de medicina que se especializa en la investigación de la adicción y se desempeñó como consultor psiquiátrico de la policía sueca durante el enfrentamiento en el banco. Síndrome de Estocolmo es también conocido como Síndrome de Supervivencia de identificación. Es común que algunas prostitutas presenten este síndrome por ejemplo aquellas que están en esta oficio en contra de su voluntad y son presas de las personas que las venden.

Síndrome de Estocolmo se considera una reacción compleja a una situación alarmante, y los expertos no se ponen de acuerdo por completo en todos sus rasgos característicos, o de los factores que hacen que algunas personas sean más susceptibles que otras a desarrollarlo. Una de las razones para el desacuerdo es que no sería ético para poner a prueba las teorías sobre el síndrome mediante la experimentación en seres humanos. Los datos para la comprensión del síndrome se derivan de situaciones de rehenes reales desde 1973, que difieren considerablemente de unos a otros en términos de ubicación, el número de personas involucradas, y los plazos. Otra fuente de desacuerdo se refiere a la medida en que puede ser el síndrome utilizado para explicar otros fenómenos históricos o más tipos comunes de las relaciones abusivas. Muchos investigadores creen que el síndrome de Estocolmo, ayuda a explicar ciertos comportamientos de los sobrevivientes de los campos de concentración de la Segunda Guerra, miembros de cultos religiosos, mujeres maltratadas, víctimas de incesto, y físicamente o emocionalmente los niños maltratados, así como a las personas tomadas como rehenes por criminales o terroristas.
La mayoría de los expertos, sin embargo, coinciden en que el síndrome de Estocolmo tiene tres características centrales:

Los rehenes tienen sentimientos negativos acerca de la policía u otras autoridades.
Los rehenes tienen sentimientos positivos hacia su captor.
Los captores desarrollar sentimientos positivos hacia los rehenes.
Causas y síntomas
Tres factores son necesarios para el síndrome de desarrollar:

La situación de crisis tiene una duración de varios días o más.
Los secuestradores permanecen en contacto con los rehenes, es decir, los rehenes no se colocan en una habitación separada.
Los secuestradores muestran cierta bondad para con los rehenes o se abstenga, al menos de hacerles daño. Los rehenes maltratados por sus captores suelen sentir ira hacia ellos y por lo general no desarrollan el síndrome.
Además, las personas que a menudo se sienten impotentes en otras situaciones estresantes de la vida o están dispuestos a hacer cualquier cosa para sobrevivir parecen ser más susceptibles a desarrollar el síndrome de Estocolmo, si son tomados como rehenes.
Las personas con síndrome de Estocolmo reportar los mismos síntomas que las personas diagnosticadas con el trastorno de estrés postraumático (TEPT): insomnio, pesadillas, irritabilidad general, dificultad para concentrarse Mayor facilidad para sobresaltarse, sensaciones de irrealidad o de confusión, incapacidad para disfrutar de las experiencias antes le resultaban placenteras, aumento de la desconfianza de los demás y flashbacks.


Las prostitutas en general no pueden tener una vida sexual “normal” debido a todos los multifactores que intervienen en ello, es decir, desde la familia, la sociedad, inclusive sus clientes y sobretodo ellas como mujeres y como seres humanos.  El hecho de permitir a alguien extraño, en todo el sentido de la palabra, que utilice tu cuerpo para satisfacer un deseo puede generar angustia, ansiedad y estrés y como consiguiente esto a su vez provoca las diferentes disfunciones que anteriormente ya se han mencionado, eso sin considerar los diversos factores que llevan a una mujer a la prostitución, ya que puede que está ahí no porque allá tenido la oportunidad de elegirlo como oficio sino que su condición económica y  familiar la arrojaron a ese único camino lo que debe de ser muy difícil de sobrellevar pero puede que otras mujeres decidieran elegirlo como algo que en verdad desean hacer y en estos casos la angustia, ansiedad y estrés no se logren manifestar debido a que a estas mujeres no se sienten presionadas por su oficio y pueden dejarlo cuando lo decidan además de que aquí no interviene el hecho de no disfrutar o por lo menos no sentir angustia al momento de prestar sus servicios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario