LAS
SECUELAS PSICOLÓGICAS DE LA PROSTITUCIÓN
Desde tiempos remotos se ha tenido muchos
tabús en cuanto a la sexualidad en general, que poco a poco se han ido
desmintiendo, sin embargo, en cuanto a la sexualidad femenina, aún en nuestros
días, siguen existiendo muchos tabús debido a las fuertes creencias que se
tienen acerca del prototipo que la sociedad tiene de lo que es una mujer,
sumisa, callada, sin derecho a sentir placer
sexual y bajo la sombra de un hombre; como por ejemplo se dice que tener
relaciones sexuales durante el periodo menstrual es anti higiénico, sin embargo
se ha demostrado que no es así, por lo contrario el tener relaciones durante la
menstruación alivian los dolores menstruales.
La sexualidad femenina, además del acto
sexual propiamente dicho, involucra otras actividades tales como fantasías,
pensamientos eróticos, caricias y masturbación. Se reconocen cuatro fases,
más o menos intrincadas, existentes tanto en el hombre como en la mujer: la
fase de excitación, seguida por la llamada fase de maseta, a su vez seguida por
el orgasmo y, al final, la fase de resolución. Bajo la influencia del deseo y
desde las primeras estimulaciones sexuales, la vagina se modifica, hincha y
dilata para permitir la entrada del pene culminando en la fase de mesta donde
se dilata al máximo la vagina.
Pero ¿Qué es lo que ocurre
en una prostituta, vive su sexualidad como cualquier otra mujer?
Para poder entender cómo es que viven su
sexualidad es importante antes que nada comenzar por el principio, es decir,
hondar en su pasado y descubrir que fue
lo que las llevo a ese oficio y como este repercute en sus vidas.
El ambiente. La causa determinante de la
prostitución se busca en el ambiente socio-cultural del que provienen
las prostitutas. Consta, en efecto, que la mayoría de ellas, provienen de
un ambiente familiar "desorganizado", es decir carente de
sensibilidad y de afecto, caracterizado por una promiscuidad deformante
y por experiencias de incesto que pueden imponer la idea de que el
amor es un desahogo puramente físico. También las prostitutas nacidas en
familias regulares y que han recibido una instrucción particular pueden ser
víctimas de un ambiente "desorganizado" si han vivido en un clima
impregnado de falsos valores y carente de compromiso moral.
La estructura de la sociedad. La
prostitución, constituye un desahogo
necesario en una sociedad jerarquizada y monogámica. Pero este fenómeno se
prolonga también en la sociedad actual, que, a pesar de
abolir "formalmente" las clases, conserva un enfoque
jerarquizado del poder económico y además carente de valores ideales.
Es una huida de las tendencias homosexuales
reprimidas que conducen a sumergirse en una frenética heterosexualidad.
Los investigadores han encontrado que algunas
encuentran un valor romántico en su profesión, les gusta sentirse necesitadas y
que dan apoyo y satisfacción a los hombres. En algunos casos, el cliente
termina por apegarse afectivamente y establecen relaciones permanentes.
Las prostitutas establecen, en general, las
relaciones con sus clientes como transacciones comerciales.
Después de conocer algunos de los factores
determinantes que llevan a mujeres a la
prostitución, proseguiremos por analizar las secuelas que la prostitución deja
en ellas.
En la mujer, las disfunciones sexuales más
comunes son: las inhibiciones del deseo sexual, la anorgasmia (dificultades
orgásmicas), vaginismo y la dispareunia.
Las inhibiciones del deseo sexual o trastorno
del deseo sexual hipoactivo constituyen la falta o disminución de la
motivación para la búsqueda del sexo, es decir, la persona no tiene ganas de
mantener relaciones sexuales.
Eso ocurre más comúnmente debido a:
·
Problemas
en el matrimonio (peleas, malentendidos con relación a lo que cada uno espera
de la relación)
·
Falta
de intimidad
·
Dificultades
de comunicación entre la pareja, o aún, debido a tabús sobre la propia
sexualidad como, por ejemplo, asociaciones de sexo con pecado, con
desobediencia o con castigos
·
Inhibiciones
derivadas de traumas sexuales (abuso sexual, violación)
·
Enfermedades,
problemas hormonales y uso de ciertas drogas y medicamentos.
La anorgasmia o disfunción orgásmica es la
falta de sensación de orgasmo en la relación sexual. Puede ser primaria, si la
mujer nunca tuvo orgasmo en la vida, o secundaria, si tenía orgasmos y no los
tiene más. Aún puede ser clasificada en absoluta, si la anorgasmia ocurre
siempre, y situacional si ocurre sólo en ciertas situaciones (por ejemplo, si
la persona no se sienta confortable en ciertos sitios, o con el partenaire con
el cual tenga algún tipo de conflicto. La mujer disfruta las caricias y se
excita, pero algo la bloquea en el momento del orgasmo.
Las causas de la anorgasmia son,
principalmente, psicológicas, involucrando problemas en las relaciones
interpersonales, conflictos referentes a la sexualidad, falta de conocimiento
del propio cuerpo y sensaciones, dificultades en la intimidad y comunicación de
la pareja por lo que toca al sexo.
El vaginismo es una contracción
inconsciente, indeseable, de la musculatura de la vagina, que ocurre cuando la
persona se imagina teniendo un acto sexual. Esa contracción dificulta o impide
la introducción del pene, la cual si se intenta resultará en mucho dolor,
resultando que la mayoría de las veces la pareja no consigue concretar el acto
sexual con penetración.
Puede ser consecuencia de una educación
rígida que provocó muchos tabús sexuales derivando conflictos psicológicos,
consecuencias de traumas sexuales (violación o abuso sexual) o de experiencias
sexuales anteriores que tengan causado sufrimiento físico.
La dispareunia es el dolor genital que ocurre
repetidas veces antes, durante o después del acto sexual.
Las causas más comunes son enfermedades
ginecológicas (como la descarga vaginal o cambios en el formato de la vagina) o
contracción de la musculatura vaginal durante el acto sexual, debido a
conflictos psicológicos relativos a la sexualidad.
Síndrome de Estocolmo
El síndrome de Estocolmo se refiere
a un grupo de síntomas psicológicos que se producen en algunas personas en
cautiverio o situación de los rehenes. Se ha recibido una publicidad considerable
de los medios en los últimos años, ya que se ha utilizado para explicar el
comportamiento de tales víctimas de secuestro conocidos como Patty Hearst
(1974) y Elizabeth Smart (2002). El término toma su nombre de un atraco a un
banco en Estocolmo, Suecia, en agosto de 1973. El ladrón tomó cuatro empleados
del banco (tres mujeres y un hombre) en la caja fuerte con él y los mantuvo
como rehenes durante 131 horas. Después de que los empleados fueron puestos en
libertad, por último, que parecían haber formado un vínculo emocional con la
paradoja de su captor, que dijo a los periodistas que vieron a la policía como
su enemigo en vez de el ladrón de bancos, y que no tenían sentimientos
positivos hacia el penal. El síndrome fue nombrado por primera vez por Nils
Bejerot (1921-1988), profesor de medicina que se especializa en la
investigación de la adicción y se desempeñó como consultor psiquiátrico de la
policía sueca durante el enfrentamiento en el banco. Síndrome de Estocolmo es
también conocido como Síndrome de Supervivencia de identificación. Es común que
algunas prostitutas presenten este síndrome por ejemplo aquellas que están en
esta oficio en contra de su voluntad y son presas de las personas que las
venden.
Síndrome
de Estocolmo se considera una reacción compleja a una situación alarmante, y
los expertos no se ponen de acuerdo por completo en todos sus rasgos
característicos, o de los factores que hacen que algunas personas sean más
susceptibles que otras a desarrollarlo. Una de las razones para el desacuerdo
es que no sería ético para poner a prueba las teorías sobre el síndrome
mediante la experimentación en seres humanos. Los datos para la comprensión del
síndrome se derivan de situaciones de rehenes reales desde 1973, que difieren
considerablemente de unos a otros en términos de ubicación, el número de
personas involucradas, y los plazos. Otra fuente de desacuerdo se refiere a la
medida en que puede ser el síndrome utilizado para explicar otros fenómenos
históricos o más tipos comunes de las relaciones abusivas. Muchos
investigadores creen que el síndrome de Estocolmo, ayuda a explicar ciertos
comportamientos de los sobrevivientes de los campos de concentración de la
Segunda Guerra, miembros de cultos religiosos, mujeres maltratadas, víctimas de
incesto, y físicamente o emocionalmente los niños maltratados, así como a las
personas tomadas como rehenes por criminales o terroristas.
La
mayoría de los expertos, sin embargo, coinciden en que el síndrome de Estocolmo
tiene tres características centrales:
Los
rehenes tienen sentimientos negativos acerca de la policía u otras autoridades.
Los
rehenes tienen sentimientos positivos hacia su captor.
Los
captores desarrollar sentimientos positivos hacia los rehenes.
Causas y síntomas
Tres
factores son necesarios para el síndrome de desarrollar:
La
situación de crisis tiene una duración de varios días o más.
Los
secuestradores permanecen en contacto con los rehenes, es decir, los rehenes no
se colocan en una habitación separada.
Los
secuestradores muestran cierta bondad para con los rehenes o se abstenga, al
menos de hacerles daño. Los rehenes maltratados por sus captores suelen sentir
ira hacia ellos y por lo general no desarrollan el síndrome.
Además,
las personas que a menudo se sienten impotentes en otras situaciones
estresantes de la vida o están dispuestos a hacer cualquier cosa para
sobrevivir parecen ser más susceptibles a desarrollar el síndrome de Estocolmo,
si son tomados como rehenes.
Las
personas con síndrome de Estocolmo reportar los mismos síntomas que las
personas diagnosticadas con el trastorno de estrés postraumático (TEPT):
insomnio, pesadillas, irritabilidad general, dificultad para concentrarse Mayor
facilidad para sobresaltarse, sensaciones de irrealidad o de confusión,
incapacidad para disfrutar de las experiencias antes le resultaban placenteras,
aumento de la desconfianza de los demás y flashbacks.
Las prostitutas en general no pueden tener una vida
sexual “normal” debido a todos los multifactores que intervienen en ello, es
decir, desde la familia, la sociedad, inclusive sus clientes y sobretodo ellas
como mujeres y como seres humanos. El
hecho de permitir a alguien extraño, en todo el sentido de la palabra, que
utilice tu cuerpo para satisfacer un deseo puede generar angustia, ansiedad y
estrés y como consiguiente esto a su vez provoca las diferentes disfunciones
que anteriormente ya se han mencionado, eso sin considerar los diversos
factores que llevan a una mujer a la prostitución, ya que puede que está ahí no
porque allá tenido la oportunidad de elegirlo como oficio sino que su condición
económica y familiar la arrojaron a ese
único camino lo que debe de ser muy difícil de sobrellevar pero puede que otras
mujeres decidieran elegirlo como algo que en verdad desean hacer y en estos
casos la angustia, ansiedad y estrés no se logren manifestar debido a que a
estas mujeres no se sienten presionadas por su oficio y pueden dejarlo cuando
lo decidan además de que aquí no interviene el hecho de no disfrutar o por lo
menos no sentir angustia al momento de prestar sus servicios.
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